El salón estrecho que encontró conversación
En un espacio largo y angosto, el sofá pegado a la pared dejaba un túnel incómodo. Giramos el sofá noventa grados, acercamos dos butacas ligeras y centramos una alfombra generosa. La mesa de centro pasó a ser ovalada para suavizar circulación. Resultado: conversaciones cara a cara, mejor luz cruzada y una ruta clara hacia el balcón sin esquivar esquinas. El mismo metraje, ahora amable y mucho más usado diariamente.